Hoy recuerdo las palabras de un compañero que me decía ¿compañera y dónde queda la solidaridad con el género? Esas palabras llegaron directo a la cabeza y analizando unos segundos la frase, el peso del mundo se posó en mi espalda, mis labios tiritaron y se me apretó la garganta. Estaba en Santiago, en el terminal de buses, esperando cambiar el pasaje para ese día , lo único que quería era volver a Valdivia y verte. Pensando a la vez que tú ni te acordabas de mi.
Luego de un rato ibamos de vuelta a casa, el metro estaba como siempre lleno de gente, y mi calidad de mujer se desvanecía, me acurruque en un asiento y dormité hasta llegar a la estación trinidad, alguien me esperaba, una compañera, que en ese momento dejó de serlo, pués yo no era la mujer valiosa que supuestamente esperaban.
Avergonzada era la palabra, sólo quería estar sola, ojalá que en esa casa nadie me esperara, pero no era así, al llegar, corrieron a abrazarme a preguntarme como iba la vida y se sentaron a escuchar lo que habiamos aprendido en las jornadas, las palabras brotaban como agua de un manantial, pero mi cabeza estaba en otro lado y lo que habia aprendido del legado del compañero presidente, lo había pisoteado una y otra vez al olvidar la palabra hermandad y a mis compañeras.
Estamos solas y nos apuñalamos la espalda, nos sacamos el cuero y los ojos, nos burlamos, nos escondemos o dejamos que otros decidan por nosotras y olvidamos que eso esperan de nosotras, una real desarticulación. Las mujeres nisiquiera se ayudan entre ellas, son poco solidarias, eso me decía aquel compañero, que en ese momento se parecía más a Pepe Grillo.
Entonces me vuelvo a preguntar ¿dónde quedó la solidaridad con el género? Hasta los días de hoy me lo pregunto y trato de reponder y vuelvo a pensar ¿dónde quedó la solidaridad con el género?
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