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jueves, 27 de noviembre de 2008
Desde la Clandestinidad
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martes, 25 de noviembre de 2008
Un tango pa’l olvido

Amor el baile jamás ha sido un buen aliado en esta vida mía, pero hoy te pido que por lo menos escuchemos un último tango para después dormir en paz.
Un tango y un trago, el que tú elijas, recordando viejos tiempos, viejos y bellos tiempos, quiero embriagarme otra vez a tú lado y sonreír.
Un último tango, más un último beso de amor, conversando sobre nuestras diferencias y nuestros errores. Un tango y un beso dulce y largo que perdure hasta la madrugada.
Un último trago, último tango, un último beso y la última noche de amor. Sin baile y sin palabras amargas.
Un último tango, pero déjame elegirlo a mí, me gustaría escuchar a Piazzola, si Tristeza y Separación y el último trago ¿podría ser un ron? Se que estos dos son golpes bajos, pero prefiero eso antes de ver que te marchas para siempre y lejos, odiando el tango y el ron.
Quizás
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lunes, 24 de noviembre de 2008
Recordando
Los días que a veces pasan estando yo inmóvil y ociosa dentro de esta casa, hacen que me divierta de formas peculiares, como por ejemplo creando figuras en la madera.
Recuerdo que jugábamos con mi hermano y creo más de alguna vez también jugué contigo.
Era en el sur, como siempre, era verano y llovía de forma torrencial como en Valdivia en un junio o julio. En aquellos atardeceres estábamos encerrados en casa sin poder salir. En ese tiempo no había una televisión en casa y la radio no se escuchaba, sólo conversábamos (en realidad gritábamos) yo desde el entre techo, mi padre y mi madre en el comedor, mi hermana en la cocina, mi hermano acostado en la pieza y mis sobrinos jugaban en la habitación de alojados.
Al calor de la estufa a leña y de la conversa que en realidad era una escusa para hacer otras cosas, por ejemplo mi padre llenaba un puzzle y mi hermano dormitaba pasando la caña de la noche anterior. Mi madre empezaba a hacer las sopaipillas para tomar once, y mi hermana picaba el ají verde que la hacía llorar, yo miraba el techo y comenzaba a ver figuras en la madera, madera de segundas que tienen anillos y agujeros en casi todas partes, pero solo veía osos, osos polares.
En realidad estaba acostada en la cama y con los pies en el techo, me entretuve un buen rato buscando algo más que osos y aparecieron otras imágenes como una zuricata y algunos roedores, solo fueron animales y eran muy chistosos, a veces mis carcajadas eran enormes y todos me preguntaban porque me reía, les contaba y me decían esta chica esta loca.
El tiempo pasaba lento en aquella casa y llovía como nunca o como siempre y yo algo aburrida del encierro miraba esa madera de segunda categoría y amaba mi hogar y nuestra casita en el cerro de una playa que pocos conocen. El aburrimiento pasó luego pues a mi me tocaba freír las sopaipillas y poner la mesa para la once, esas onces con mate que ahora tanto deseo.
Mis sobrinos eran los más inquietos sólo anhelaban el sol para poder disfrutar del mar y de los juegos en la arena, yo en cambio anhelaba que el tiempo pasara lentamente.
Después de la once y durante la sobremesa la lluvia comenzaba a detenerse y al mirar por la ventana se veían algunos rayitos débiles de sol que anunciaban el fin del diluvio. Mis sobrinos eran los más felices.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Esperar
Esperar sentada, de rodillas, recostada en un sillón, abrazada a mi almohada, en borde del camino, observándote mientras te alejas con paso sereno.
Esperar mientras todo continúa, la vida, los amigos y la familia, pero ese espacio que dejaste está presente en la vida, los amigos y la familia.
Esperar con la venda en los ojos, los oídos tapados, la boca cerrada, pero susurrando dormida tu nombre.
Esperar huyendo de ti, de tu gente, de tu verdadera historia, de las mentiras, de los secretos a voces, de tu soledad de fin de semana, de tu soledad en las noches de niebla, .
Esperar mientras continúa mi vida, esa de siempre, que busca sonrisas en los otros y otras, a veces la búsqueda concluye en enormes carcajadas.
Esperar cantando por la vida y haciéndote parte de mi vida a través de mil escritos, de historias, y poemas que jamás serán mostrados y se empolvaran como todo en esta casa.
Esperar cuando el tiempo se detiene en alguna canción que me gustaría compartir contigo y que tampoco llegaras a escuchar.
Esperar sabiéndote distante y alejado completamente de mi vida y mis historias y yo aún resguardando lo poco que queda de tú vida en la míaLa búsqueda
He dedicado parte de mi vida a buscar alguna mujer que no posea una armadura. Es imposible. Todas tenemos una para que el dolor no sea profundo y nos hunda en la depresión.
Mujeres de toda condición, que poseen armaduras diferentes, con diseños y colores, incluso hay algunas que son deportivas o elegantes. Armaduras ocultas, por opción o impuestas, pero ahí están, aunque intenten pasar desapercibidas.
Mujeres que calculan la vida, con ojos desafiantes, mujeres frías que ya no desean, mujeres prácticas que ya no juegan.
Es cierto que las armaduras son más que hierro y metal. Es verdad que el peso es tan grande que comienzan a aparecer jorobas y las hernias correspondientes.
A las mujeres con armadura no les entran balas, cuchillos, flechas, ni palabras mal intencionadas. No hay dolor.
Las mujeres armadura ya no les interesa quitarse aquella carga, ya no pueden llorar. Los hijos, el esposo, el amante o los amigos no conocen lo que hay detrás de aquella armadura que se incrustó en la piel y hasta en los huesos.
Ellas jamás han llevado el sol en la cintura, los ojos no son los de una chiquilla y las sonrisas se han perdido al igual que las lágrimas y las ganas de gritar.
Pocas veces ven el sol, muy pocas veces algún rayo les acalora el cuerpo, sus pieles son pálidas y sus labios helados.
Han olvidado la tibieza de un cuerpo a su lado, al igual que la ternura de un amor que las desnude, las observe sin esa armadura y que sólo halague su abandonada y blanca desnudez.
Tú norte
A. Filio
Entender que todo lo que se construyó se derrumbo de golpe, o quizás fue cayendo lenta y silenciosamente para que no nos diéramos cuenta.
Amor se que estas lejos y que tu dedo apunta hacia al norte desde hace tiempo. Tus pies quieren huir, y nunca más volveremos a ver atardeceres juntos. Eso duele y carcome la piel quizás porque los atardeceres contigo eran los más bellos y en que nos contábamos todo o casi todo.
En que momento todo se fue a la mierda y me dejaste en un rincón de tu vida, rincón que sólo recuerdas a veces y por casualidad ¿tanto te hice sufrir amor? que ahora solo quieres huir lejos dejándome aquí, sola y vacía.
He comprendido a duras penas que el norte para muchos es el sueño y la vida, aunque en otros tiempos nuestro norte fue el sur y nuestra vida juntos, se dibujaba en el sur del sur. El norte a ti también te sedujo y ahora te descubro soñando con ese lugar en donde ya no llueve y las flores aparecen de forma seguida, junto con el sol que las entibia y a ti te ilumina.
Dedo
Podríamos comenzar contando las mejores anécdotas que aún circulan en la mente, pero en realidad eso no tiene mucho sentido ya que de a poco se va soltando el cordón umbilical que nos mantenía unidos, bueno ya no vale la pena recordar.
Es posible que aún queden rastros, que aún creamos que algo nos une o que algo no deja que nos soltemos del último dedo por el cual estamos unidos, el índice.
Es cierto tu dedo y mi dedo transpirados, resbalosos, será mejor que nos soltemos de una vez y dejemos este estúpido juego que duele y deja cicatrices profundas.
Es cierto hay marcas de la horrible tortura, marcas de cigarrillos en la espalda, las manos, las uñas y los pulmones.
Necesito un proceso de sanación, quizás sería bueno darte una patada en la raja y decirte que me cagaste hijo de puta, me cagaste conchaetumadre, maricón, ingrato.
Pero en realidad esa no es la idea, el quererte tanto flaquito y saber que ya no existe cordón que nos una, que no hace falta insultarte, que tu madre jamás ha sido puta y que bueno si eres un ingrato, pero eso hasta tú lo sabes, hacen que quiera ocultar mi cabeza como avestruz y dedicarme a comer gusanos.
Aún siento el calor de tu dedo que hace tan poco delineaba mi cuerpo, hilaba mi pelo y dibujaba figuras en mi rostro. Hace tan poco tú dedo denunciaba y dirigía. Ahora el índice sólo apunta hacia el norte.