jueves, 27 de noviembre de 2008

Desde la Clandestinidad


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Mujer sola y oculta entre paredes que solo ven de vez en cuando los abrazos de su amado.
Mujer desnuda que camina por noches de luna, bañada de lágrimas y vestida solo con el calor de su amante.
Mujer solitaria, que desde un tiempo a esta parte ha dejado de ser mujer y se ha convertido en recuerdo.
Mujer cansada de oír siempre la misma historia, esa en que tu solamente estas a veces, como cuando necesitas hablar.
Te escribo desde la clandestinidad que me has construido para no abandonarme en el frío de estas noches, o para no dejarme bajo el rocío que cae cerca del mar.
No recuerdo la última vez en que alguien me dijo que era su mujer y que jamás me soltaría la mano. No recuerdo la última vez en que fui mujer.
Desde la clandestinidad te escribo y te pido un abrazo, una palabra o un desayuno juntos a la orilla del mar, en plena luz del día y sin temor a que alguien nos vea. Estamos en “democracia” y yo sigo oculta, sin libertad, aunque ambos sabemos que esa libertad de la que nos hablan no es real, es un puto constructo con el que cargamos desde hace más de 10.000 años.
Desde una celda te escribo amor, en donde he recibido duros castigos y palizas que me han dejado varias veces media muerta, me han torturado muchas veces y mi sangre a veces es poca y esta celda huele a sangre de meses, a semen y a carne podrida.
Si te pudiera contar todo lo que he creado durante este tiempo sola, he dibujado en las murallas imágenes de perros y gatos. Hice una muñequita con restos de los trapos que llevo puestos, tiene cabello, lo agregue con el pelo que se me ha caído, aunque los ojos son solo unos agujeros en el trapo, quiero que sean diferentes pero aún no se como hacerlo. También hay algunos poemas sin sentido en mi cabeza, todos para ti
Hoy estoy detrás de las rejas, oculta entre la oscuridad y tu omisión acerca de mi existencia, contemplando la luz que entra por algunos agujeros, es cierto a veces algunos rayos de luna iluminan mi celda, en esos momentos acaricio mi nariz.

martes, 25 de noviembre de 2008

Un tango pa’l olvido


Amor el baile jamás ha sido un buen aliado en esta vida mía, pero hoy te pido que por lo menos escuchemos un último tango para después dormir en paz.

Un tango y un trago, el que tú elijas, recordando viejos tiempos, viejos y bellos tiempos, quiero embriagarme otra vez a tú lado y sonreír.


Un último tango, más un último beso de amor, conversando sobre nuestras diferencias y nuestros errores. Un tango y un beso dulce y largo que perdure hasta la madrugada.


Un último trago, último tango, un último beso y la última noche de amor. Sin baile y sin palabras amargas.


Un último tango, pero déjame elegirlo a mí, me gustaría escuchar a Piazzola, si Tristeza y Separación y el último trago ¿podría ser un ron? Se que estos dos son golpes bajos, pero prefiero eso antes de ver que te marchas para siempre y lejos, odiando el tango y el ron.


Quizás


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Quizás si nos hubiésemos encontrado en otro tiempo, con otros cuerpos, otras voces y otros nombres, todo sería diferente.
Quizás si tu manera de hablar y la mía se contrapusieran a las de ahora yo buscaría tú boca y la besaría.
Quizás si nuestros padres hubieran sido otros y el país donde nacimos y nuestros sueños (mejor los sueños que sean los mismos) nuestra realidad seria otra.
Quizás hubiésemos nacido completamente libres, pero libres de verdad sin historias de muerte y tortura, libres sin lidiar con el olor a sangre y sin el ruido de las bombas que se recuerdan siempre, igual que el olor de la pólvora.
Quizás nuestros sueños de que no existan cadenas, de poder decidir y de elegir donde dormir o comer. Elegir si caminar descalzos o beber agua de un chorro en cualquier estero que encontremos. Quizás esos sueños seguirían intactos, pero tú y yo seríamos verdaderamente diferentes ya que el peso del terror y el de silenciar nuestras voces no estarían en nuestras espaldas.
Quizás caminaríamos juntos y no habría más obstáculos que nuestras propias palabras. Tú me dirías compañera y yo buscaría tú mano tibia y pequeña donde quiera que te encuentres.
Quizás si no cargáramos con el peso de quienes somos te buscaría y dormiría a tu lado sin tener que volver a casa otra vez y llorar a escondidas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Recordando

Los días que a veces pasan estando yo inmóvil y ociosa dentro de esta casa, hacen que me divierta de formas peculiares, como por ejemplo creando figuras en la madera.

Recuerdo que jugábamos con mi hermano y creo más de alguna vez también jugué contigo.

Era en el sur, como siempre, era verano y llovía de forma torrencial como en Valdivia en un junio o julio. En aquellos atardeceres estábamos encerrados en casa sin poder salir. En ese tiempo no había una televisión en casa y la radio no se escuchaba, sólo conversábamos (en realidad gritábamos) yo desde el entre techo, mi padre y mi madre en el comedor, mi hermana en la cocina, mi hermano acostado en la pieza y mis sobrinos jugaban en la habitación de alojados.

Al calor de la estufa a leña y de la conversa que en realidad era una escusa para hacer otras cosas, por ejemplo mi padre llenaba un puzzle y mi hermano dormitaba pasando la caña de la noche anterior. Mi madre empezaba a hacer las sopaipillas para tomar once, y mi hermana picaba el ají verde que la hacía llorar, yo miraba el techo y comenzaba a ver figuras en la madera, madera de segundas que tienen anillos y agujeros en casi todas partes, pero solo veía osos, osos polares.

En realidad estaba acostada en la cama y con los pies en el techo, me entretuve un buen rato buscando algo más que osos y aparecieron otras imágenes como una zuricata y algunos roedores, solo fueron animales y eran muy chistosos, a veces mis carcajadas eran enormes y todos me preguntaban porque me reía, les contaba y me decían esta chica esta loca.

El tiempo pasaba lento en aquella casa y llovía como nunca o como siempre y yo algo aburrida del encierro miraba esa madera de segunda categoría y amaba mi hogar y nuestra casita en el cerro de una playa que pocos conocen. El aburrimiento pasó luego pues a mi me tocaba freír las sopaipillas y poner la mesa para la once, esas onces con mate que ahora tanto deseo.

Mis sobrinos eran los más inquietos sólo anhelaban el sol para poder disfrutar del mar y de los juegos en la arena, yo en cambio anhelaba que el tiempo pasara lentamente.

Después de la once y durante la sobremesa la lluvia comenzaba a detenerse y al mirar por la ventana se veían algunos rayitos débiles de sol que anunciaban el fin del diluvio. Mis sobrinos eran los más felices.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Esperar


Esperar sentada, de rodillas, recostada en un sillón, abrazada a mi almohada, en borde del camino, observándote mientras te alejas con paso sereno.

Esperar mientras todo continúa, la vida, los amigos y la familia, pero ese espacio que dejaste está presente en la vida, los amigos y la familia.

Esperar con la venda en los ojos, los oídos tapados, la boca cerrada, pero susurrando dormida tu nombre.

Esperar huyendo de ti, de tu gente, de tu verdadera historia, de las mentiras, de los secretos a voces, de tu soledad de fin de semana, de tu soledad en las noches de niebla, .

Esperar mientras continúa mi vida, esa de siempre, que busca sonrisas en los otros y otras, a veces la búsqueda concluye en enormes carcajadas.

Esperar cantando por la vida y haciéndote parte de mi vida a través de mil escritos, de historias, y poemas que jamás serán mostrados y se empolvaran como todo en esta casa.

Esperar cuando el tiempo se detiene en alguna canción que me gustaría compartir contigo y que tampoco llegaras a escuchar.

Esperar sabiéndote distante y alejado completamente de mi vida y mis historias y yo aún resguardando lo poco que queda de tú vida en la mía

La búsqueda

He dedicado parte de mi vida a buscar alguna mujer que no posea una armadura. Es imposible. Todas tenemos una para que el dolor no sea profundo y nos hunda en la depresión.


Mujeres de toda condición, que poseen armaduras diferentes, con diseños y colores, incluso hay algunas que son deportivas o elegantes. Armaduras ocultas, por opción o impuestas, pero ahí están, aunque intenten pasar desapercibidas.


Mujeres que calculan la vida, con ojos desafiantes, mujeres frías que ya no desean, mujeres prácticas que ya no juegan.


Es cierto que las armaduras son más que hierro y metal. Es verdad que el peso es tan grande que comienzan a aparecer jorobas y las hernias correspondientes.

A las mujeres con armadura no les entran balas, cuchillos, flechas, ni palabras mal intencionadas. No hay dolor.


Las mujeres armadura ya no les interesa quitarse aquella carga, ya no pueden llorar. Los hijos, el esposo, el amante o los amigos no conocen lo que hay detrás de aquella armadura que se incrustó en la piel y hasta en los huesos.


Ellas jamás han llevado el sol en la cintura, los ojos no son los de una chiquilla y las sonrisas se han perdido al igual que las lágrimas y las ganas de gritar.


Pocas veces ven el sol, muy pocas veces algún rayo les acalora el cuerpo, sus pieles son pálidas y sus labios helados.


Han olvidado la tibieza de un cuerpo a su lado, al igual que la ternura de un amor que las desnude, las observe sin esa armadura y que sólo halague su abandonada y blanca desnudez.

Tú norte

“Si de tanto cantar hacia el norte me he olvidado del ocaso”
A. Filio

Entender que todo lo que se construyó se derrumbo de golpe, o quizás fue cayendo lenta y silenciosamente para que no nos diéramos cuenta.

Amor se que estas lejos y que tu dedo apunta hacia al norte desde hace tiempo. Tus pies quieren huir, y nunca más volveremos a ver atardeceres juntos. Eso duele y carcome la piel quizás porque los atardeceres contigo eran los más bellos y en que nos contábamos todo o casi todo.

En que momento todo se fue a la mierda y me dejaste en un rincón de tu vida, rincón que sólo recuerdas a veces y por casualidad ¿tanto te hice sufrir amor? que ahora solo quieres huir lejos dejándome aquí, sola y vacía.

He comprendido a duras penas que el norte para muchos es el sueño y la vida, aunque en otros tiempos nuestro norte fue el sur y nuestra vida juntos, se dibujaba en el sur del sur. El norte a ti también te sedujo y ahora te descubro soñando con ese lugar en donde ya no llueve y las flores aparecen de forma seguida, junto con el sol que las entibia y a ti te ilumina.

Dedo

Podríamos comenzar contando las mejores anécdotas que aún circulan en la mente, pero en realidad eso no tiene mucho sentido ya que de a poco se va soltando el cordón umbilical que nos mantenía unidos, bueno ya no vale la pena recordar.

Es posible que aún queden rastros, que aún creamos que algo nos une o que algo no deja que nos soltemos del último dedo por el cual estamos unidos, el índice.

Es cierto tu dedo y mi dedo transpirados, resbalosos, será mejor que nos soltemos de una vez y dejemos este estúpido juego que duele y deja cicatrices profundas.

Es cierto hay marcas de la horrible tortura, marcas de cigarrillos en la espalda, las manos, las uñas y los pulmones.

Necesito un proceso de sanación, quizás sería bueno darte una patada en la raja y decirte que me cagaste hijo de puta, me cagaste conchaetumadre, maricón, ingrato.

Pero en realidad esa no es la idea, el quererte tanto flaquito y saber que ya no existe cordón que nos una, que no hace falta insultarte, que tu madre jamás ha sido puta y que bueno si eres un ingrato, pero eso hasta tú lo sabes, hacen que quiera ocultar mi cabeza como avestruz y dedicarme a comer gusanos.

Aún siento el calor de tu dedo que hace tan poco delineaba mi cuerpo, hilaba mi pelo y dibujaba figuras en mi rostro. Hace tan poco tú dedo denunciaba y dirigía. Ahora el índice sólo apunta hacia el norte.

Felicidad






¿En que rincón de la vida me estará  esperando la felicidad? Gioconda Belli








Desde hace días que ya no hay lágrimas, ni sueños tortuosos que carcomían mi juventud, la cual veo algo más clara que otras veces.


Los deseos por ti y mi testaruda actitud han silenciado la búsqueda de tus ojos que de a poco se hacía más incesante y caótica.


Ha pasado el tiempo y de nuevo estoy aquí bajo una lluvia torrencial que limpia de a poco este cuerpo que casi no tenía vida.


Existen espacios que se llenaran con sonrisas y la vida que sigue, continuamos caminando y existiendo sin tener muy claro hacia donde vamos, sin tener claro el lugar donde dormiremos esta noche y donde comeremos al otro día.


Sólo tengo claro que un día buscaras tus pisadas y yo haré lo mismo, buscaré las mías y las tuyas y las que alguna ves fueron de ambos. No tengo claro el día, el mes o el año. No tengo claro cuando lo harás tú, pero se que ese día llegará.


Pasaran los años y por fin descansaremos en el calor de un cuerpo amante y cómplice que nos dará la felicidad que tanto hemos buscado y que ha costado, estaremos completos cumpliendo sueños y caminando con la frente erguida y los ojos serenos pero puestos en un punto fijo.


Nuestra vida se llenará de colores y nuestros atardeceres serán tranquilos y con pequeños corriendo, nuestros hogares serán cálidos y amaremos todas las noches como si fuera la última.


En Chile o donde tus pies te lleven serás feliz con los años, de la mano de tus decisiones que en algún momento fueron incomprendidas, pero ahora serena se que fueron las mejores para ti.