Curioso, desde hace unos días el pasado se me vuelve una y
otra vez, ligero, lleno de dichas y desdichas. Con relatos de la juventud y
pequeñas imágenes en colores, con aroma a sur-austral y viento costero, sal,
mucha sal. Las chimeneas siempre humeando, el tibio sol de invierno alumbrando
nuestros rostros va iluminando todo a su paso.
El pasado vuelve, nos acaricia y nos pesa.
Todo gira en torno al tiempo: el pasado, el presente y el
futuro, el amor, el desamor, la espera, los viajes, la familia, los proyectos,
el caminar, los hijos, las canciones, el escribirte un relato, el plasmar unas
líneas para contar cuanto hemos crecido y llorado y cuanto tiempo ha pasado
desde que escribí ese relato.
Esperamos, mirando el reloj una y otra vez, cumplimos años,
no queremos cumplir más años (pero los celebramos igual) caminamos junto al
reloj. Esperamos, quietos o inquietos, pero esperamos. Esa maldita manía de
hacer todo pensando en cuánto tiempo tenemos para hacerlo.Esa maldita manía de
esperar que pase el tiempo, en vez de tomarlo en nuestras manos y
deconstruirlo.
Curioso, desde hace días las huellas del tiempo se me
vuelven una y otra vez, las dichas y desdichas hacen fiesta en las pequeñas
marcas en la piel que está cargada de memoria, de memorias y olvidos que por lo
general trato de olvidar, por lo general.