Y ese día vi también a Roque Dalton, hablaba y renacía sin rastros de sangre, ni marcas de homicidio, lo vi de veras y su voz se alzaba ante algunos que no lo reconocieron, a mi me costó saber quien era, hasta que se acercó y me dijo, mirá esta es la moneda de mi país y me mostró unos dólares, se rió largo rato y dijo así es El Salvador, especial, desde ese momento supe que era él, que le había ganado a la muerte y más aún a quienes intentaron acallar su voz.
Roque estaba algo más joven, de cabeza rapada y de anteojos pero en resumidas cuentas era el, que renacía en la voz potente y firme de la juventud, de la juventud salvadoreña y latinoamericana. Aquel encuentro fue inesperado, pero aprovechado al máximo, cada vez que se levantaba y hablaba en público era como si nunca hubiera muerto, estaba al tanto de todo y opinaba con la misma claridad y consecuencia que antaño, sin duda era él.
En momentos más íntimos me habló de Víctor y de él cariño que siempre le tuvo, corrieron lágrimas por sus mejillas al recordar la forma en que silenciaron su canto y dijo, bueno yo tuve la misma suerte, pero a mi me silenciaron mis propios compañeros, que es peor aún. Me demostró el cariño especial que tenía por Chile, aunque también son hijos de la gran puta, dijo, y luego sonrío, al igual que yo. Creo que esa noche cantamos y guitarriamos algo desafinados recordando Chile a Víctor y a la Violeta.
Curiosamente vi a Roque Dalton un día por allá lejos, estaba en Nicaragua sólo de visita, me contó de su vida y de sus proyectos personales, continuaba mofándose de la triste realidad salvadoreña, pero aún así pretendía luchar para que esto algún día cambie.
Un día en Nicaragua compartí con un guanaco hijo de la gran puta y me dijo que la mejor comida del mundo eran las Pupusas.
lunes, 27 de abril de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Recordando a los Nicas
Aquel día sentí que por primera vez las palabras de Gioconda se me hacían cercanas, digo geográficamente hablando, caminaba por Managua y las letras se hacían reales y se convertían en calles, paisajes, rostros, lágrimas, mujeres, piel morena, tiempo detenido, pueblo comprometido, rojo-negro, Sandino y olor a tierra.
Era el momento que esperaba para poder hablar con tranquilidad y decir con plena certeza que al leer a Gioconda se me erizaba la piel ya que sus escritos me acercaban a mi pueblo, al nuestro, a Nicaragua.
Las puertas abiertas, los hermanos chilenos, las palabras que parecen balas y que disparan directo al corazón y a la razón, los brazos que acaloran, las palabras dulces, la piel y la mirada fija en el pueblo. El gobierno popular, con el compromiso de siempre.
Los Nicas, los decierto, los Nicas, mis hermanos.
Era el momento que esperaba para poder hablar con tranquilidad y decir con plena certeza que al leer a Gioconda se me erizaba la piel ya que sus escritos me acercaban a mi pueblo, al nuestro, a Nicaragua.
Las puertas abiertas, los hermanos chilenos, las palabras que parecen balas y que disparan directo al corazón y a la razón, los brazos que acaloran, las palabras dulces, la piel y la mirada fija en el pueblo. El gobierno popular, con el compromiso de siempre.
Los Nicas, los decierto, los Nicas, mis hermanos.
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