viernes, 26 de diciembre de 2008

Cielo Nuevo


Desperté anhelando un cielo nuevo, quizás porque ayer fue el día que esperaba, el día en que el amor se hace profundo y los problemas se olvidan. El cielo nuevo brillaba y era para todos, nadie se quedaba esta vez sin un trozo de este cielo acogedor.
Un cielo nuevo donde aparece un cóndor de alas enormes sobrevolando las alturas y nadie quiere cazarlo. Un cielo nuevo donde todos podemos tener alas y decidir nuestro rumbo, un cielo nuevo donde no hay hambre, ni guerras, allí nadie es superior, todos nos escuchamos, yo te doy algo con mis manos y tú la recibes.
El cielo nuevo no desprecia a los viejos, las alas de ellos son aún más grandes que las que me gustaría tener, para llegar hasta Ciudad del Cabo. En este cielo nuevo todos los niños sonríen y los demás tienen la oportunidad de abrir sus ojos y ver el sol, allí ellos pueden nacer y ser mariposas. Solo hay vida en abundancia y todos se sientan y comen juntos compartiendo el alimento que produjo nuestra tierra y la mano del otro.
Seguir anhelando el cielo nuevo es más fácil de lo que se cree y se manifiesta en pequeños actos de amor, por ejemplo conversando, por ejemplo con una sonrisa.

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