Podríamos comenzar contando las mejores anécdotas que aún circulan en la mente, pero en realidad eso no tiene mucho sentido ya que de a poco se va soltando el cordón umbilical que nos mantenía unidos, bueno ya no vale la pena recordar.
Es posible que aún queden rastros, que aún creamos que algo nos une o que algo no deja que nos soltemos del último dedo por el cual estamos unidos, el índice.
Es cierto tu dedo y mi dedo transpirados, resbalosos, será mejor que nos soltemos de una vez y dejemos este estúpido juego que duele y deja cicatrices profundas.
Es cierto hay marcas de la horrible tortura, marcas de cigarrillos en la espalda, las manos, las uñas y los pulmones.
Necesito un proceso de sanación, quizás sería bueno darte una patada en la raja y decirte que me cagaste hijo de puta, me cagaste conchaetumadre, maricón, ingrato.
Pero en realidad esa no es la idea, el quererte tanto flaquito y saber que ya no existe cordón que nos una, que no hace falta insultarte, que tu madre jamás ha sido puta y que bueno si eres un ingrato, pero eso hasta tú lo sabes, hacen que quiera ocultar mi cabeza como avestruz y dedicarme a comer gusanos.
Aún siento el calor de tu dedo que hace tan poco delineaba mi cuerpo, hilaba mi pelo y dibujaba figuras en mi rostro. Hace tan poco tú dedo denunciaba y dirigía. Ahora el índice sólo apunta hacia el norte.
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