martes, 28 de abril de 2015

Energía



Se descorren las cortinas y la luz penetra el cuarto con toda su potencia, había olvidado lo que significaba la luz del sol, el calor en la piel y esa energía que entrega en el solsticio de verano.
Se descorren las cortinas y se han alumbrado todos los espacios oscuros de la casa. Todos los recovecos han dejado serlo y la humedad sureña se desvanece poco a poco.

La luna comienza a menguar y yo también lo hago, menguaremos el tiempo necesario. Avisaremos  cuando estemos preparadas. Mientras  tanto la casa recibirá al sol como padre, como el que cubre todo, como el protector que nunca estuvo, que nunca conocimos y que definitivamente ya dejamos de buscar. Lo dejamos de buscar justamente porque llegó cuando menos lo esperamos, llegó solo, llegó y espero que la casa se llenara nuevamente de sonrisas, cuando la madera estuvo dispuesta a sentirlo sin miedo al poder de sus rayos.

Se descorren  las cortinas y con esa luz solar potente, las fisuras se hicieron presentes,  están allí y duelen a veces, el viento entra por aquellos orificios, ¡dolor! ¡ardor! Nos da la señal precisa,  ¡estamos vivos!, ¡estamos vivas!, llenas de fisuras, grietas, agujeros.  Pero seguimos aquí, viviendo y resignificando, pensando en esos otros imaginarios posibles y viviendo en ellos, en esos por los que avanzamos sin la mala hierba, sin el lastre que nos colgaba.

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