Tantas veces navegué por tus mares quietos, me dejé llevar por la corriente y las olas danzando como una criatura marina. Otras tantas lo hice en las tormentas y las peores marejadas, azotada y golpeada en los roqueríos me hice fuerte, Poseidón no logró detenerme y seguí navegando en tus frías aguas del sur.
Pero me perdí, luego de tanto sumergirme, azotarme, navegar y danzar entre las olas, en tus aguas más profundas, más oscuras, me perdí.
Desperté un día en la orilla, el naufragio era inevitable.
Tus mares siempre fueron más inhóspitos que mis ganas de explorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario