Dime, ¿cuantas vidas tendrán que pasar para que volvamos a sonreír? ¿cuantas vergüenzas deberemos vivir antes de abrazarnos nuevamente? ¿cuantas historias deberé escribir hasta que llegue el día en que por fin te quedes sin miedo al dolor?
Después de tantos vuelos, hoy anhelo parar un rato y reposar mis alas en un viejo árbol que me dé toda la tranquilidad y cobijo que necesito para poder curar las heridas que han quedado luego de tanto andar. Pues tengo frío, miedo y cansancio.
Felicidad o no, esto es lo que nos tocó vivir, pero no lo que tendrá que ser para siempre, vienen tiempos largos de soledad y de renuevo, de parar, calmar y mirar al cielo, mirar la tierra, para luego volver a sembrar.
Y vendrán nuevos tiempos, y las semillas sembradas brotaran, cada una fue regada con lo que pudimos, sudor, lágrimas y mucha lluvia, siempre estuvo a mano y lo utilizamos.
Y cosecharemos cada grano de vida que vimos germinar y descubriremos que no toda lágrima fue mal gastada, los sudores nos ayudaron a sanar y la lluvia curó y limpio cada espacio herido, como siempre lo hace, nos renueva, nos recoge, nos renace.
No hay comentarios:
Publicar un comentario