miércoles, 9 de octubre de 2013

hoy me pregunto ¿cuántas historias en silencio deambularan por nuestra patria olvidada? esas que no llegan en las imágenes del televisor o en las páginas de un periódico nacional y jamás lo harán. Porque no existe intención, de incluir a nuestros compatriotas, a nuestros hermanos dentro de la pequeña historia que se teje en el atochado Santiago de Chile, en la contaminada capital que pide a gritos un poco de aire puro para poder respirar. 
Lugares lejanos que viven de su propia  historia, esa desconocida para muchos y que para ellos es fundamental cuando llega la hora de despetar y tener que comenzar un nuevo día, en el pueblo lejano a todo. Lejano al presidente y gracias que así lo es. Lejano de chabacanerías y estupideces que permiten pensar en el chileno promedio. Perdón, ellos no son el chileno promedio. Yo no soy parte de las chilenas promedio. Gracias a Dios.
Cada pueblo, como Curaco de Vélez quizás, pienso en este, luego de una foto registrada por un amigo que viaja constantemente por la Isla de Chiloé y que gracias a la tecnología comparte su día a día con sus amigos virtuales.
Lugares como  Curaco de Vélez, que está ubicado en la Isla de Quinchao, no son visitados con frecuencia, más que por  unos cuantos turistas que buscan comprender la historia desde otra perspectiva, la historia desde la ruralidad o desde la lejanía del continente. aqui arriban pocos, y de esos pocos una mínima parte son autoridades. Así es, como siempre.
Blanca Bulnes de 90 años, recita un poema dedicado a Galvarino Riveros Cárdenas, un héroe local que lucho en el combate naval de Angamos, hace 134 años. Ella es bisnieta de Ingleses.
Historias pequeñitas, historias llenas de vida, historias amargas y quebradas hacen que tengamos una vida privilegiada, llena de memoria.
 Pero muy pocos las conocen... la mayoría de ellas deambula en silencio, junto al viento, junto a los muertos que ya han enterrado parte de lo que tienen para contarnos. 

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