Pero descubrí que ya nada sería como antes, pues había dado pasos tan gigantes que pensar y llorar por lo que fue ya no tenía sentido.
Mi habitación ya no era el espacio más cómodo de la casa, menos las almohadas, y los cobertores. Para mi esto era un indicio, sabía que tenía que salir de ese espacio que molestaba de tanto recuerdo de vidas pasadas e historias tristes de mujeres que no asumían y no eran capaces de enfrentar el dolor.
había que salir, y dedicarme a vivir la vida, disfrutarla y saborearla como yo quería, eso en casa no era posible...
la maleta está lista, sólo hace falta cerrar las puertas que quedaron entreabiertas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario