martes, 8 de septiembre de 2009

Domingo por la tarde

Hoy pensaba en como se verán tus ojos un domingo por la tarde
Es más, el saber si brillan es una duda que me aqueja a veces
El saber si esos ojos llegan a ver la luz del día me intriga.
Dudo también al pensar si existe comunicación entre tú y el jodido mundo
Entre tú y ese mundo que odias tanto a veces, más si es un domingo en la tarde.

Pensaba también en los ojos del mundo
En como observa el mundo un domingo por la tarde
Y cuantos tratan de pasar de largo aquel día aletargado
Como cuando nos gana la desesperación
Y no hacemos nada, sólo un profundo silencio y esperamos

Hoy pensaba en como se verá tú casa desde fuera
En como caminas medio dormido a las tres de la tarde
En como putearas la vida, el noticiero y a los “politiquillos”
En como harás nada para que el domingo pase rápido, muy rápido

Hoy pensaba en que aprendí a odiar los domingos por la tarde
Me molesta limpiar todo y dejar la casa reluciente
En hacer cosas de dueña de casa, en lavar y trapear el piso
En cocinar para mí sabiendo que no comeré nada
En esperar una visita que jamás llegará
En esperar que sea un domingo como los que viví en casa.

Hoy quise cambiar la realidad de un domingo por la tarde
Y me salió el tiro por la culata
Hoy quise dármelas de poco nostálgica
Y caminé para comprar el diario, cigarrillos y una caja de fósforos.

Desde hace un tiempo me persigue una sensación
De domingos, de tardes, de soledad, de nostalgias, de caminatas
De ti y de un profundo silencio.











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