miércoles, 11 de febrero de 2009

Pan de cada día

El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, pero antes de eso danos el de ayer y el de antes de ayer., pero danos un pan real, que podamos masticar sin dañar nuestros dientes o mejor dicho que no dañen los pocos dientes que nos quedan, pues se nos han caído varios, ya que no tenemos dinero para una buena atención dental.

Danos un pan real hecho de trigo natural sin agrotóxicos y sin que la genética entrometa sus manos, un pan que nuestros niños puedan comer, sin que esto altere sus organismos.

Dánoslo el de hoy y el de ayer para compartirlo con nuestros hermanos y hermanas que desde hace meses no encuentran trabajo. Sabemos que ese pan se multiplicará como el que tú repartiste junto con aquellos que te seguían.

El pan de cada día ya no es para todos y todas, ya no es abundante, es un sueño lejano para África, India, Medio Oriente y América Latina. Y lo es en exceso para la unión Europea, el G8, la FMI y el Banco Mundial.

Danos hoy un pan de vida, que alimente en algo la esperanza del mundo, danos la oportunidad de recibirte, danos voz y la lucha constante, danos una voz profética para denunciar los atropellos que a diario reciben nuestros hermanos y hermanas, danos el pan de justicia que alimente el anhelo del mundo mejor que esperan todos quienes creen y no creen en ti.

Danos aunque sea una mordida de ese pan que debe alcanzar para todos y todas.
Danos la esperanza para continuar esperando el pan de cada día, que a veces no llega o que llega endurecido o cubierto de hongos.

Danos la levadura para que este pan aumente y alcance para todos, danos las manos de aquella madre tierra que amasa con fuerza el pan para sus hijos, danos el fuego necesario para cocer este pan que debería disminuir el hambre de esta tierra que muere de inanición.

Danos el pan como un derecho y no como limosna que otorgan los más poderosos, aquellos que nos reparten migajas, llenándose la boca de su inmensa caridad.

Danos el pan y el valor para alzar nuestras voces y exigir que nunca nos falte el alimento que nutre nuestro cuerpo y espíritu todos los días. Danos la dignidad que suple el pan de cada día.

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